Wednesday, September 2, 2026
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Fiesta de San Alfonso: peregrino de esperanza y testigo de la Abundante Redención

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Fiesta de San Alfonso María de Ligorio: San Alfonso, peregrino de esperanza y testigo de la Abundante Redención

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Nueva a los pobres.» (Lc 4,18)

Hoy la Iglesia se llena de alegría para celebrar a San Alfonso María de Ligorio, un hombre que dejó que el Evangelio transformara completamente su vida. No recordamos solamente a un gran santo del pasado; celebramos a un discípulo que sigue mostrándonos el camino para vivir el Evangelio en nuestro tiempo.

Al contemplar su vida, descubrimos que San Alfonso no buscó hacer cosas extraordinarias. Lo extraordinario fue la profundidad con la que creyó en el amor de Dios. Estaba convencido de que nadie está tan lejos que no pueda ser alcanzado por la misericordia del Redentor. Esa certeza dio sentido a toda su existencia.

Por eso dejó atrás una carrera prometedora, aceptó las incomprensiones, abrazó las dificultades y gastó todas sus energías anunciando una sola noticia: Dios ama a cada persona con un amor que nunca se cansa.

Ese fue el corazón de su espiritualidad.

A veces pensamos que la santidad consiste en hacer muchas obras. San Alfonso nos enseña algo diferente. La santidad consiste en dejar que el amor de Dios ocupe el centro de nuestra vida. Cuando ese amor transforma el corazón, todo cambia: la manera de mirar, de hablar, de perdonar, de servir y de caminar junto a los demás.

Él comprendió que la misión nace siempre de un encuentro. Nadie anuncia con alegría a Jesucristo si antes no ha experimentado la alegría de sentirse buscado, perdonado y amado por Él.

Por eso dedicó su vida a quienes casi nadie buscaba.

Los campesinos olvidados, los pastores de las montañas, las personas sencillas, los pobres, los enfermos, quienes cargaban con el peso de la culpa y pensaban que Dios los había abandonado… Todos encontraron en San Alfonso un hermano que los acercaba nuevamente al corazón del Padre.

Todavía hoy existen muchos abandonados.

No siempre son pobres de bienes materiales. También hay quienes viven abandonados por la indiferencia, por la soledad, por la violencia, por el miedo, por la falta de sentido. Hay jóvenes que buscan un horizonte, familias heridas por la división, ancianos que esperan una visita, personas que sienten que ya nadie cree en ellas.

El carisma redentorista sigue siendo una respuesta para nuestro tiempo. Allí donde una persona pierde la esperanza, allí comienza la misión.

El Jubileo nos recuerda que somos Peregrinos de Esperanza. No caminamos llevando nuestras propias seguridades; caminamos siguiendo al Redentor, convencidos de que la esperanza cristiana no decepciona porque tiene su fundamento en el amor de Dios.

San Alfonso fue un verdadero peregrino de esperanza. Nunca dejó de confiar, ni siquiera cuando la enfermedad debilitó su cuerpo, cuando las incomprensiones oscurecieron sus últimos años o cuando experimentó el dolor de verse separado de la Congregación que tanto amaba. Su esperanza no dependía del éxito de sus proyectos, sino de la fidelidad de Dios.

Esa es una enseñanza muy necesaria para nosotros.

Vivimos tiempos de incertidumbre. Muchas veces sentimos que el mal hace demasiado ruido y que el bien avanza lentamente. Podemos caer en el desaliento o pensar que nuestros pequeños esfuerzos no cambian nada.

Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que el Reino de Dios crece como una semilla escondida. La esperanza no hace desaparecer inmediatamente los problemas, pero nos da la certeza de que Dios sigue actuando silenciosamente en la historia.

La contemplación nos enseña a descubrir la presencia de Dios allí donde el mundo solo percibe oscuridad. San Alfonso vivió precisamente así. Su oración alimentaba su misión, y su misión lo llevaba nuevamente a la oración. Nunca separó la contemplación del compromiso, porque sabía que quien permanece unido a Cristo termina pareciéndose a Él.

También el papa Francisco nos recuerda que la alegría del Evangelio siempre nos impulsa a salir al encuentro de los demás. Una Iglesia encerrada en sí misma pierde el aliento del Espíritu. En cambio, una Iglesia que sale con humildad, especialmente hacia los más pobres y abandonados, hace visible el rostro misericordioso del Redentor.

Ese fue el sueño de San Alfonso.

No fundó una Congregación para buscar prestigio. La fundó para que nadie quedara sin escuchar que Dios lo ama.

Hoy ese sueño continúa en nosotros.

Cada bautizado está llamado a ser misionero de esperanza. No hace falta recorrer grandes distancias. La misión comienza en nuestra familia, en nuestro trabajo, en la comunidad, en la persona que necesita una palabra de aliento, una escucha paciente o un gesto de cercanía.

La mejor manera de honrar a San Alfonso no es solamente admirar su vida, sino dejarnos contagiar por su pasión por el Evangelio.

Que nuestra presencia haga más fácil creer en Dios.

Que nuestras comunidades sean lugares donde todos encuentren acogida.

Que nuestras palabras transmitan misericordia antes que condena.

Que nuestras manos estén siempre abiertas para servir.

Que nuestro corazón nunca deje de buscar a quienes se sienten olvidados.

Entonces la espiritualidad redentorista seguirá viva, porque continuará revelando al mundo la Abundante Redención que Cristo ofrece a todos.

Al concluir este triduo, demos gracias por el testimonio de San Alfonso. Pidámosle que nos enseñe a amar a Jesucristo con todo el corazón y a hacer de nuestra vida una misión permanente.

Porque quien ha encontrado al Redentor ya no puede guardar esa alegría para sí mismo.

Momento de silencio: Agradezcamos al Señor la vida de San Alfonso.Preguntémonos en lo profundo del corazón: ¿Dónde me invita hoy el Redentor a ser un peregrino de esperanza? ¿Quién espera de mí un gesto que haga visible el amor de Dios?

Oración

Señor Jesucristo,
Redentor del mundo,
te damos gracias por el don de San Alfonso María de Ligorio.

En él nos has mostrado que la santidad nace de un corazón enamorado de tu misericordia y entregado sin reservas al anuncio del Evangelio.

Haz que también nosotros vivamos como peregrinos de esperanza.

Que nunca nos cansemos de buscar a los pobres y abandonados.

Que nuestras comunidades sean hogares de acogida, de reconciliación y de alegría.

Enséñanos a anunciar tu Evangelio con sencillez, a servir con humildad y a confiar siempre en la fuerza de tu amor.

Que, siguiendo las huellas de San Alfonso, sepamos llevar a todos la buena noticia de la Abundante Redención, para que nadie dude jamás de que es amado por Ti.

María, Madre del Perpetuo Socorro, acompáñanos en el camino de la misión.

Y que San Alfonso interceda por nosotros, para que nuestra vida sea un reflejo del rostro misericordioso del Redentor.

Amén.

San Alfonso María, doctor de la Iglesia, padre de los Redentoristas y misionero de la Abundante Redención, ruega por nosotros.

Mensaje del Superior General para la fiesta de San Alfonso

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En su mensaje de la fiesta patronal, el Superior General presenta a San Alfonso María de Ligorio como modelo de auténtica autoridad y liderazgo cristiano, especialmente durante este año de reflexión sobre el liderazgo en la Congregación. La verdadera autoridad, arraigada en el latín auctoritas («ayudar a crecer»), no se trata de poder ni de control, sino de fomentar la vida, la comunión, la misión y el crecimiento según el plan de Dios. San Alfonso ejerció dicha autoridad mediante su integridad, su celo pastoral, su cercanía a los pobres y abandonados, su fidelidad al Evangelio y su profunda confianza en la oración y el Espíritu Santo.

Como abogado, sacerdote, misionero, fundador, obispo, teólogo moral y Doctor de la Iglesia, demostró que el auténtico liderazgo se fundamenta en el servicio, la compasión, la verdad, la justicia, la misericordia y la preocupación por la salvación de las almas. Su vida interpela a los Redentoristas de hoy a ejercer la autoridad como un ministerio de comunión, diálogo, reconciliación y servicio misionero, especialmente en un mundo fragmentado y polarizado.

Mientras la Congregación se prepara para elegir a sus nuevos líderes, el mensaje invita a los hermanos, formandis, hermanas y colaboradores laicos a seguir el ejemplo de San Alfonso, convirtiéndose en «Misioneros de la Esperanza», fomentando la unidad, fortaleciendo las comunidades y proclamando con alegría el Evangelio de la Redención Abundante a los pobres y más abandonados, siempre bajo la guía de la Santísima Virgen María y al servicio de Cristo Redentor.

Lea la carta completa a continuación:

Roma, 1 de agosto de 2026
Fiesta de San Alfonso María de Liguori

Misioneros de la Esperanza tras las huellas del Redentor

AÑO DEDICADO AL LIDERAZGO AL SERVICIO DE LA MISIÓN

Conducir, animar, cuidar y reconciliar: liderazgo como servicio fraterno a la misión del Redentor

Textos para meditación personal o comunitaria: Sab 9,13-18; Ez 34,1-16; Sal 22(23); Mc 10,42-45; Jn 10,1-18; Jn 13,1-15; Jn 17,1-26; Lc 10,25-37; Lc 15,11-32; Hch 15,6-28; Rm 12,5-10; 1 Pe 5,2-5; 1 Co 1,10-13; Constituciones 91-144; Estatutos Generales 086-0208; Guía Pastoral para los Superiores; Communicanda 2/2019.

Queridos cohermanos, formandos y Familia Redentorista:

  1. En este año dedicado a la reflexión sobre el liderazgo en la Congregación, especialmente en el contexto de la elección de los cohermanos llamados a colaborar en la animación de la vida apostólica de nuestra familia, la vida de san Alfonso nos ofrece valiosas enseñanzas sobre el verdadero significado de la autoridad.
  2. La palabra latina auctoritas deriva de auctor, es decir, quien hace crecer, artífice, fundador. Su raíz se encuentra en el verbo augere, que significa hacer crecer, desarrollar, promover la vida. Ejercer la autoridad, por tanto, no consiste simplemente en gobernar, sino en ayudar a las personas, a las comunidades y a la misión a crecer y a convertirse en un espacio lleno de vida, según el proyecto de Dios. Por ello, la autoridad debe dejarse iluminar continuamente por la sabiduría que proviene del Espíritu (cf. Sab 9,13-18).
  3. Cuando contemplamos la vida de nuestro Fundador, un hombre de carne y hueso, con sus fragilidades, sus virtudes, su continua conversión, su profunda intimidad con el Redentor y su incansable celo pastoral, reconocemos la autenticidad de su autoridad como hombre de fe, fundador y Doctor de la Iglesia. Su autoridad no nació simplemente del hecho de ser fundador, ni de los cargos que desempeñó a lo largo de su vida, sino de la coherencia entre el Evangelio que anunciaba y la vida que vivía. Fue su fidelidad a la voluntad de Dios, vivida en el servicio a los más pobres y abandonados, la que hizo de san Alfonso un referente permanente para la Iglesia y para nuestra Congregación.
  4. Alfonso tuvo la oportunidad de formarse en derecho civil y canónico desde muy joven, gracias a la holgada situación económica de su familia y, sobre todo, a su profunda dedicación al estudio. Desarrolló además numerosos talentos, destacándose en la pintura, la música, la literatura y otras artes. Como abogado, alcanzó gran prestigio por su competencia y rectitud. Cuando comprendió, en conciencia, que la justicia humana estaba expuesta a la corrupción y a la falsedad, tuvo el valor de abandonar una carrera prometedora. Su actitud manifiesta una autoridad que se expresa en la libertad interior, en la coherencia entre las propias convicciones y las propias decisiones, así como en la fidelidad a la verdad, al Evangelio y a la justicia. Siendo aún joven, redactó para sí un breve código ético que orientó el ejercicio de su vida profesional.
  5. Desde el comienzo, incluso antes de ser ordenado sacerdote, san Alfonso encontró a Cristo en el sufrimiento de los enfermos del Hospital de los Incurables. Como misionero, se dejó evangelizar por los pobres y abandonados. Desde los primeros años de su ministerio sacerdotal se dedicó al apostolado entre los lazzaroni de Nápoles, haciéndose cercano a quienes vivían en las periferias humanas y espirituales. Por medio de las Capillas del atardecer reunió a laicos, trabajadores y familias para la oración, la catequesis y la formación cristiana. En los conservatorios y en las casas de formación para jóvenes ejerció un fecundo ministerio de acompañamiento espiritual. Las misiones populares en el Reino de Nápoles y, sobre todo, la experiencia vivida entre 1730 y 1732 en Scala y en los pueblos de la Costa Amalfitana, especialmente en Santa María dei Monti, le hicieron descubrir el profundo abandono religioso de las poblaciones rurales y confirmaron su llamado a fundar una comunidad misionera para los más abandonados. La experiencia misionera le confirió una autoridad que brotaba de la compasión, la escucha y la cercanía. Como el Buen Samaritano (cf. Lc 10,25-37), se hizo prójimo de los heridos de la historia. Como pastor, buscó a la oveja perdida, vendó a la herida y cuidó de la débil, reflejando el rostro del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas (cf. Ez 34,11-16; Jn 10,1-18).
  6. Frente a los desafíos de su tiempo y contemplando a los pobres cabreros que vivían en una profunda situación de abandono, san Alfonso fundó la Congregación después de un largo proceso de discernimiento, iluminado también por Tomás Falcoia y María Celeste Crostarosa, sostenido por una intensa oración y una constante invocación al Espíritu Santo y a la Santísima Virgen María. En su visión, esta obra de evangelización no debía estar orientada hacia sí misma, sino constituir una comunidad en misión, capaz de anunciar la Abundante Redención a los más abandonados espiritualmente. Como fundador, ejerció su autoridad abriendo nuevos caminos de evangelización sostenidos por la oración. Como padre espiritual, procuró, con los medios de su tiempo, suscitar vocaciones, formar misioneros y custodiar la unidad del Instituto. Es significativo que, con ese mismo espíritu, nuestras Constituciones recuerden que quienes ejercen el servicio de la autoridad están llamados a promover la unidad, la corresponsabilidad, el discernimiento comunitario y la fidelidad al carisma, para que toda la Congregación permanezca fiel y disponible para la misión (cf. Const. 91-144).
  7. La autoridad de san Alfonso se manifiesta también en la elaboración de un pensamiento moral que continúa iluminando la vida de la Iglesia hasta nuestros días. En una época marcada por el rigorismo y el laxismo, supo recorrer el camino de la prudencia evangélica, anunciando la infinita misericordia de Dios, poniendo en el centro la dignidad de la persona y promoviendo la formación de la conciencia. Su teología moral no nació principalmente de la reflexión académica, sino de la escucha de los penitentes, de la experiencia misionera y de su celo por la salvación de las almas. Por ello, su enseñanza ha atravesado los siglos y sigue siendo plenamente actual, ofreciendo criterios seguros para el discernimiento moral y pastoral. La autoridad de san Alfonso no reside solamente en la profundidad de su doctrina, sino también en haber sabido unir, de manera ejemplar, la verdad y la caridad, la justicia y la misericordia, la fidelidad al Evangelio y la solicitud hacia las fragilidades humanas. Al contemplar este aspecto de su vida, nosotros, misioneros redentoristas, podemos preguntarnos: ¿cómo hacer presente hoy la autoridad de nuestro Fundador para construir puentes en una sociedad cada vez más fragmentada y polarizada, una realidad que también se refleja en el ámbito eclesial? La autoridad moral de nuestro Fundador nos invita a reflexionar y a buscar caminos de diálogo y reconciliación en estos tiempos de inquietud, convirtiéndonos en auténticos artesanos de la esperanza y de la unidad.
  8. Por obediencia al Papa, aceptó el episcopado. Como obispo vivió su ministerio pastoral con sencillez, entrega y espíritu de servicio. Incluso en medio de las dificultades, nunca dejó de cuidar del pueblo que le había sido confiado. En tiempos de hambruna no dudó en vender sus propios bienes para socorrer a los pobres y abandonados, dando testimonio de que la verdadera autoridad se expresa en la caridad concreta y en el don de sí mismo.
  9. El papa Pío IX, reconociendo el valor de la herencia alfonsiana, lo proclamó Doctor de la Iglesia el 23 de marzo de 1871, reconociendo su eminente doctrina (eminens doctrina) y la insigne santidad de su vida (insignis vitae sanctitas). Como Doctor de la Iglesia, continúa ejerciendo una autoridad que atraviesa los siglos, porque su enseñanza sigue iluminando la conciencia de la Iglesia con la sabiduría del Evangelio, especialmente por medio de su teología moral, profundamente arraigada en la misericordia de Dios y en la benignidad pastoral. Así como el Padre acoge al hijo pródigo con infinita misericordia (cf. Lc 15,11-32), san Alfonso enseñó que la ley suprema de la vida cristiana es el amor redentor de Dios, siempre dispuesto a levantar a quien ha caído. Alfonso nos recuerda que la autoridad cristiana no se mide por el poder que una persona posee, sino por su capacidad de generar vida, promover la comunión, reconciliar a las personas, animar la misión y cuidar de los hermanos. La autoridad que nace del Evangelio es siempre servicio, nunca privilegio.
  10. Al contemplar la vida de nuestro Fundador y un mundo frecuentemente marcado por la búsqueda de prestigio, la competencia y la autorreferencialidad, somos interpelados a preguntarnos: ¿qué autoridad ejerzo como cristiano bautizado y como misionero redentorista, sacerdote o hermano? ¿Mi liderazgo guía, anima, cuida y reconcilia? ¿Es verdaderamente un servicio fraterno a la misión del Redentor, con todo lo que ello implica? A la luz del testimonio de san Alfonso, estamos llamados a ejercer una autoridad que haga crecer a las personas, fortalezca la comunión, suscite esperanza y ponga todos los dones al servicio de la misión.
  11. Queridos cohermanos, obispos redentoristas, formandos, hermanas y laicos asociados a la misión redentorista: en la alegría de la fiesta de san Alfonso María de Liguori, dirijamos nuestra mirada hacia aquel a quien el Espíritu Santo suscitó como fundador de nuestra Congregación y maestro seguro del camino evangélico. Celebrar a san Alfonso significa renovar nuestra confianza en el Redentor y redescubrir el dinamismo misionero que continúa inspirando nuestra vocación. Como nos recuerda nuestra Constitución 1, hemos sido llamados a seguir el ejemplo de Jesucristo, el Redentor, anunciando la Buena Nueva a los pobres y a los más abandonados (cf. Const. 1-5). San Alfonso nos confirma en este propósito.
  12. Pidamos a san Alfonso que nos enseñe a ejercer todo servicio de autoridad como un verdadero ministerio de comunión, siempre al servicio de la misión del Redentor. Que nos alcance la gracia de ser misioneros de la esperanza, capaces de promover la vida, fortalecer nuestras comunidades y anunciar, con alegría y credibilidad, la Abundante Redención allí donde nos encontremos. Que la Santísima Virgen María, la Divina Pastora, acompañe y sostenga a cada uno de nosotros en la misión de guiar, animar, cuidar y reconciliar, viviendo el liderazgo como un auténtico servicio fraterno a la misión de su Hijo Redentor.

¡Feliz fiesta de san Alfonso para todos!

Fraternalmente,

P. Rogério Gomes, C.Ss.R
Superior General

Original: italiano

Triduo de San Alfonso, Día 3: humilde servidor del Redentor

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Día 3: San Alfonso, humilde servidor del Redentor

“El que quiera ser el primero entre ustedes, que sea el servidor de todos.” (Mc 10,44-45)

En el corazón del Evangelio hay una verdad que siempre nos sorprende: Dios manifiesta su grandeza haciéndose pequeño. Jesús no conquistó el mundo desde el poder, sino desde el servicio; no desde la fuerza, sino desde el amor que se entrega. Su trono fue la cruz, y su corona, el don total de sí mismo. Quien contempla al Crucificado comprende que la verdadera grandeza consiste en amar hasta el extremo.

San Alfonso aprendió esta lección a lo largo de toda su vida.

Era un hombre extraordinariamente inteligente. Jurista brillante, músico, pintor, poeta, escritor incansable y uno de los grandes teólogos de la Iglesia. Habría podido buscar prestigio y reconocimiento. Sin embargo, el encuentro con Cristo cambió el rumbo de su existencia. Comprendió que los talentos recibidos no eran para engrandecerse, sino para ponerse al servicio del Reino de Dios y, especialmente, de los pobres y más abandonados.

Desde entonces, toda su vida fue una respuesta de amor.

La humildad de San Alfonso no consistía en pensar poco de sí mismo. Consistía en pensar primero en Dios y después en los demás. Sabía que todo era gracia. Todo lo había recibido del Señor y todo debía volver al Señor a través del servicio.

Esta es una enseñanza profundamente actual.

Vivimos en una cultura que con frecuencia mide el valor de una persona por el éxito, la eficiencia o la visibilidad. Buscamos reconocimiento, aprobación y resultados inmediatos. Sin darnos cuenta, incluso la vida cristiana puede contaminarse con el deseo de ocupar los primeros lugares o de sentirnos indispensables.

Pero Jesús nos muestra otro camino.

El discípulo auténtico no necesita ser el centro. Le basta con permanecer cerca del Maestro. Quien ha descubierto el amor del Redentor ya no necesita demostrar su importancia, porque sabe que su dignidad nace de ser hijo amado del Padre.

La verdadera humildad consiste en dejar de fabricar una imagen de nosotros mismos para aceptar, con alegría y libertad, la persona que Dios sueña. Solo entonces desaparece la necesidad de aparentar y comienza la paz interior.

San Alfonso vivió esa libertad. Aun siendo fundador y obispo, nunca dejó de considerarse un servidor. Cuando la enfermedad debilitó su cuerpo y las incomprensiones oscurecieron los últimos años de su vida, no respondió con amargura. Incluso sufrió el dolor de verse separado de la Congregación que había fundado. Humanamente parecía un fracaso. Sin embargo, continuó confiando en la Providencia. Su esperanza descansaba en Dios, no en el éxito de sus proyectos.

¡Qué difícil resulta aceptar nuestros propios límites!

Nos cuesta reconocer que no podemos hacerlo todo. Nos duele cuando las cosas no salen como esperábamos o cuando nuestro trabajo pasa desapercibido. Sin embargo, muchas veces es precisamente allí donde Dios purifica nuestro corazón. La humildad nace cuando dejamos de preguntarnos cuánto hacemos y comenzamos a preguntarnos cuánto amamos.

La otra gran virtud que contemplamos hoy es la entrega generosa.

Toda la vida de Jesús fue un constante salir de sí para buscar a los demás. Caminó por los pueblos, tocó a los enfermos, acogió a los pecadores, compartió la mesa con los excluidos y, finalmente, entregó su propia vida para que todos tuvieran vida en abundancia.

San Alfonso hizo suyo ese mismo dinamismo del Evangelio.

Escribía para que la gente sencilla pudiera comprender la fe. Predicaba con un lenguaje cercano al pueblo. Componía cantos para que todos pudieran rezar. Visitaba a los enfermos. Formaba a los misioneros. Animaba a sus hermanos cuando llegaban el cansancio o la persecución. Nunca buscó prestigio personal. Su única preocupación era que nadie quedara sin conocer el amor del Redentor.

Esa es también nuestra vocación.

La espiritualidad redentorista nos recuerda que la misión no consiste solamente en hacer cosas para Dios, sino en dejarnos consumir por el amor de Dios para el bien de los demás. El amor auténtico siempre se convierte en servicio.

El papa Francisco nos invita continuamente a salir de la comodidad para encontrarnos con quienes viven en las periferias humanas y existenciales. Allí espera Cristo. Allí continúa llamando a sus discípulos. Allí sigue naciendo la esperanza.

No todos estamos llamados a realizar grandes obras. Pero todos podemos ofrecer una palabra de consuelo, una visita, una escucha paciente, una oración silenciosa, una sonrisa que devuelva la confianza. En el Reino de Dios, los pequeños gestos realizados con amor tienen un valor inmenso.

Como peregrinos de esperanza, caminamos ligeros de equipaje. No necesitamos cargar con el peso del orgullo ni con la obsesión por el éxito. Caminamos con las manos abiertas, disponibles para servir y para dejarnos sorprender por la acción de Dios.

San Alfonso nos enseña que el verdadero misionero no busca dejar su nombre en la historia; busca que el nombre de Jesucristo sea conocido y amado. Esa es la alegría más grande. Esa es la verdadera libertad. Esa es la humildad del Evangelio.

Pidamos hoy la gracia de un corazón sencillo, capaz de servir con alegría, de aceptar los propios límites con serenidad y de poner todos nuestros dones al servicio de la misión. Entonces nuestra vida, como la de San Alfonso, será un reflejo de la abundante Redención que Cristo ofrece al mundo.

Momento de silencio: Preguntémonos delante del Señor: ¿Qué me impide servir con mayor libertad? ¿Qué orgullo, qué miedo o qué búsqueda de reconocimiento necesito poner hoy en las manos del Redentor? Dejemos que Él purifique nuestro corazón y nos enseñe la alegría del servicio humilde.

Oración

Señor Jesús,
Tú no viniste a ser servido, sino a servir
y a dar tu vida por amor.

Líbranos del orgullo que nos aleja de los hermanos.
Enséñanos la humildad que nace de sabernos amados por Ti.

Haznos servidores sencillos,
capaces de poner nuestros talentos al servicio de la misión,
sin buscar aplausos ni reconocimientos.

Como San Alfonso,
queremos anunciar tu Evangelio con una vida entregada,
cercana a los pobres, fiel en las pruebas y confiada en tu Providencia.

Que nunca nos cansemos de amar,
porque sabemos que toda entrega realizada por amor permanece para siempre en tu corazón.

Haz de nosotros misioneros de la abundante Redención,
peregrinos de esperanza que caminan con alegría,
llevando a todos la certeza de que tu misericordia es más fuerte que toda debilidad.

Amén.

San Alfonso María de Ligorio, humilde servidor del Redentor y padre de los misioneros, ruega por nosotros.

EE. UU.: Los redentoristas continúan con una tradición de 119 años, predicando la Novena a Santa Ana en San Francisco

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Cinco misioneros redentoristas continuaron una larga tradición y predicaron la 119.ª Novena a Santa Ana en la Iglesia de Santa Ana del Atardecer en San Francisco. Los cohermanos —el padre Kevin Zubel, el padre Aaron Meszaros, el padre Ted Lawson, el padre John Schmidt y el padre Patrick Keyes— predicaron basándose en el libro del Papa León, «El poder del Evangelio: Nuestra fe cristiana en diez palabras». «Nuestra esperanza era ayudar a la gente a comprender mejor al Papa León y sus enseñanzas, y así vivir una vida cristiana más plena», explicó el padre Patrick.

Durante la novena, se celebraron tres actos cada día: la celebración de los sacramentos y la proclamación de la Palabra. También se realizaron visitas a domicilio. El sábado de la novena, el padre Kevin llevó el Santísimo Sacramento en procesión por el barrio, y los redentoristas ofrecieron un almuerzo comunitario en el salón parroquial.

Los predicadores redentoristas Padre Kevin Zubel, Padre John Schmidt, Padre Patrick Keyes y Padre Ted Lawson

La iglesia de Santa Ana fue fundada por inmigrantes irlandeses a principios del siglo XX. Aún se pueden escuchar algunos acentos irlandeses entre los feligreses, pero la mayoría proviene de China y Filipinas.

Los Redentoristas Americanos iniciaron su primera misión en California, en Los Ángeles, en 1885. Al año siguiente, se dirigieron al norte y fueron recibidos en la iglesia de San Patricio, en el centro de San Francisco. Ese mismo año, se le ofreció a la Provincia de San Luis la parroquia de San Bonifacio, pero la rechazó por falta de personal: solo había 48 sacerdotes en toda la Provincia, y 10 de ellos estaban dedicados a misiones de predicación en California.

Para 1907, los Redentoristas se habían establecido en San Francisco y se habían ganado la reputación de ser predicadores excepcionales. El padre Joseph J. McCue, primer párroco de Santa Ana, introdujo la Novena en la parroquia ese año. Los jesuitas predicaron la Novena durante un par de años, pero en 1910 el párroco encargó a los Redentoristas que lo hicieran. Desde entonces, los cohermanos Redentoristas han predicado la Novena en Santa Ana.

Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, la Novena era tan popular que la gente viajaba desde lugares tan lejanos como Sacramento, un trayecto de casi 145 kilómetros (90 millas) por lo que hoy es la autopista interestatal. El padre Don MacKinnon, quien creció en San Francisco, recuerda que la Novena era el evento más importante de la ciudad durante el mes de julio. Casi 100.000 personas seguían a la Banda de Música de San Francisco en una procesión de 20 cuadras hasta la parroquia, cuenta.

La asistencia disminuyó en las décadas siguientes, de miles a cientos, pero los Redentoristas regresaban fielmente cada año para predicar la novena a Santa Ana en la Iglesia de Santa Ana del Atardecer.

Por Kristine Stremel en Denverlink, vol. 19, n.° 29, 31 de julio de 2026

Brasil: encuentro del Gobierno General y los superiores de la Provincia de Brasilia

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El día 28 de julio, se dio comienzo en la Comunidad de San Clemente, en Goiânia, Brasil a la reunión entre el Gobierno General y los superiores locales de la Provincia de Brasilia.

Por la mañana, tuvo lugar una reunión privada entre ambos gobiernos: el general y el provincial.

Alrededor de las 11:00 h, se presentó a los superiores locales y a los miembros del Gobierno General, quienes durante los últimos 40 días han visitado todas las comunidades redentoristas de nuestra provincia.

Nuestro Superior General, el P. Rogério Gomes, CSsR, inauguró la tarde con una conferencia sobre el tema del liderazgo y la autoridad que ejerce el superior local en la vida de su comunidad.

P. Welinton Silva, CSsR
Secretario del Encuentro y Párroco de Nuestra Señora de Lourdes
P. Murilo, CSsR
Encargado de la Comunicación

Triduo de San Alfonso, Día 2: sembrador de esperanza y ministro de reconciliación

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Día 2: San Alfonso, sembrador de esperanza y ministro de reconciliación

“La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No se turbe su corazón ni tenga miedo.” (Jn 14,27)

Hay personas cuya sola presencia devuelve la calma. No porque tengan todas las respuestas, sino porque han aprendido a vivir sostenidas por la paz de Dios. Al encontrarnos con ellas sentimos que todavía es posible comenzar de nuevo, que nuestras heridas no tienen la última palabra y que siempre existe un camino de regreso.

Así fue San Alfonso.

Su misión no consistió únicamente en predicar sermones o escribir libros. Su verdadera obra fue despertar la esperanza en los corazones cansados. Allí donde muchos anunciaban un Dios severo e inalcanzable, él proclamó con firmeza que Dios es un Padre que espera, un Redentor que busca y una misericordia que nunca se agota.

Esa convicción nació de una profunda experiencia de Dios. Alfonso sabía que nadie puede transmitir esperanza si antes no ha permitido que el Señor sane sus propias heridas. La misión comienza en el interior del corazón. Antes de hablar de Dios, es necesario dejarse encontrar por Él.

Vivimos en una cultura donde abundan las palabras, pero escasea el ánimo. Es fácil señalar errores; más difícil es descubrir el bien escondido en cada persona. Sin embargo, el Evangelio siempre comienza despertando la dignidad de quien parecía haberla perdido. Jesús no miraba primero el pecado; veía el deseo de volver a vivir. Así miró a Pedro después de la negación, a Zaqueo en el árbol, a la mujer sorprendida en adulterio y a tantos otros que encontraron en Él una nueva oportunidad.

San Alfonso aprendió esa mirada. Quería que toda persona pudiera experimentar que Dios no se cansa de amar. Por eso renovó la manera de acercarse al sacramento de la Reconciliación. El confesor, decía con su vida, no puede ser un guardián que cierre puertas, sino un pastor que acompaña, escucha y ayuda a descubrir la acción silenciosa de la gracia.

Cuánto necesita nuestro mundo esta forma de reconciliar.

Hay familias divididas por antiguas heridas. Comunidades donde el orgullo ha levantado muros. Personas que llevan años sin perdonarse a sí mismas. Otras viven convencidas de que Dios ya no puede perdonarlas. En medio de tanta fragmentación, el Espíritu sigue susurrando que la comunión es posible.

Reconciliar no significa ignorar el dolor ni esconder la verdad. Tampoco consiste en buscar una paz superficial. La reconciliación cristiana nace cuando dejamos que la misericordia sea más fuerte que el resentimiento. Es el milagro de un corazón que decide no responder al mal con más mal, sino abrir espacio para que Dios haga nuevas todas las cosas.

También nuestras comunidades redentoristas están llamadas a ser escuelas de reconciliación. La misión pierde fuerza cuando el corazón se endurece. Podemos realizar muchas actividades pastorales y, sin embargo, olvidar lo esencial: que el pueblo necesita encontrar en nosotros el rostro sereno de Cristo.

El Papa Francisco ha recordado muchas veces que la Iglesia debe ser como un hospital de campaña, donde primero se curan las heridas antes de hacer preguntas. Esa imagen expresa perfectamente el espíritu de San Alfonso. Él nunca separó la verdad de la misericordia. Sabía que ambas caminan juntas porque tienen un mismo origen: el amor de Dios.

Pero reconciliar también exige humildad. A veces esperamos que el otro dé el primer paso. El Evangelio nos invita a ser nosotros quienes construyamos puentes. Cada palabra amable, cada escucha paciente, cada gesto de comprensión puede convertirse en el inicio de una historia nueva.

Como peregrinos de esperanza, no caminamos sembrando desconfianza ni temor. Caminamos anunciando que Cristo ha vencido el pecado, la división y la desesperanza. Nuestra misión consiste en recordar, con la vida más que con las palabras, que nadie está definitivamente perdido.

San Alfonso nos enseña que el verdadero misionero no enciende el fuego de la confrontación; enciende la llama de la esperanza. No alimenta el miedo, sino la confianza. No señala únicamente las caídas; ayuda a descubrir la mano del Redentor que siempre permanece tendida.

Que al terminar esta reflexión podamos preguntarnos con sinceridad: ¿soy una persona que anima o desanima? ¿Mi presencia acerca a los demás a la paz de Cristo? ¿Soy capaz de dar el primer paso hacia la reconciliación?

Quien vive reconciliado con Dios se convierte, casi sin darse cuenta, en un sembrador de esperanza para el mundo.

Momento de silencio: Presentemos al Señor el nombre de aquella persona con quien necesitamos reconciliarnos. Quizá sea alguien cercano. Quizá somos nosotros mismos. Quizá sea nuestra relación con Dios.Pidamos la gracia de un corazón libre para perdonar y humilde

Oración

Señor Jesús,
Tú eres nuestra paz
y nunca te cansas de salir a buscarnos.

Libéranos de todo aquello que divide nuestro corazón.
Arranca de nosotros el orgullo, el resentimiento y el miedo que nos impiden amar.

Haz de nuestras comunidades lugares donde cada persona pueda sentirse acogida, escuchada y acompañada.

Que, siguiendo el ejemplo de San Alfonso, anunciemos con alegría que tu misericordia siempre ofrece un nuevo comienzo.

Enséñanos a ser artesanos de reconciliación, sembradores de esperanza y testigos de tu amor entre los más pobres y abandonados.

Que nunca olvidemos que la abundancia de tu Redención es más grande que nuestras fragilidades.

Amén.

San Alfonso María de Ligorio, misionero de la abundante Redención, ruega por nosotros.

Canadá : Una visita a La Fraternité Saint Alphonse

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Los dos Consultores Generales, P. Joseph Ivel Mendanha, C. Ss.R. y el P. Paul Vinh, C.Ss.R, como parte de su visita fraterna a la Provincia de Canadá, visitaron La Fraternité Saint Alphonse el 28 de julio de 2026.

La Fraternité Saint Alphonse fue fundada por el P. André Morency, C.Ss.R. un Redentorista de la antigua Provincia de Santa Ana de Beaupré y ahora Provincia de Canadá en 1992 con una pequeña casa y capilla de 9 habitaciones con el apoyo y aprobación del Provincial de entonces, el P. Marc André Boutain. El objetivo de la Fraternidad de San Alfonso es ser una casa de acogida y alojamiento para adictos (alcohólicos y drogas) ofreciendo una espiritualidad verdaderamente católica de curación a los adictos. Es una casa de esperanza para que los adictos una vez más tomen sus vidas en sus manos y así experimenten la transformación y la libertad a través del poder sanador de Jesús Redentor.

La Fraternidad de San Alfonso está dirigida por el P. André en colaboración con los Redentoristas de la Comunidad de Santa Ana de Beaupré, con una Junta Directiva compuesta por Redentoristas y laicos que dependen totalmente de donaciones y no reciben financiación gubernamental.

En 2001, la Fraternidad adquirió el edificio actual y lo renovó, añadiendo una gran capilla, una capilla de adoración dedicada al Venerable Alfredo Pampalón, C.Ss.R. (Patrón de los adictos). Esta compra fue posible gracias a las donaciones de diversos benefactores y de los Redentoristas; fue un verdadero milagro de fe.

Actualmente, la Fraternidad alberga a 27 residentes, todos varones, que se encuentran en diferentes etapas de terapia y tratamiento. Participan en reuniones periódicas de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos, rezan diariamente, asisten a misa quincenal y dominical en la capilla de la casa, realizan otras actividades espirituales y de oración, reciben terapia, trabajan con trabajadores sociales y consejeros, y se someten a revisiones médicas periódicas y análisis de sangre necesarios en una clínica móvil.

El padre André dice que el objetivo es siempre permitir a los adictos descubrir a Jesús viviendo en ellos y aprovechar el poder de Jesús Redentor que sana a todos y los fortalece para la vida futura. A lo largo de los muchos años de existencia de esta Fraternidad de San Alfonso, más de unos pocos miles de hombres y mujeres han recibido ayuda para tomar las riendas de sus vidas y empezar de nuevo.

La casa ofrece todas las comidas diarias a los residentes y entre 20 y 30 personas de la calle reciben diariamente una comida caliente de la casa. El propio P. Andrè es un Master Chef cualificado que supervisa la cocina. Actualmente hay dos empleados y alrededor de 10 a 15 voluntarios regulares que ayudan en diversas actividades de la Fraternidad.

Muy a menudo en los meses de invierno, la casa acoge y ofrece alojamiento a la gente de la calle y refugio contra el frío severo y gélido.

Hay 60 Asociados Redentoristas que se comprometen cada año a trabajar con la Fraternidad a través de la recaudación de fondos, el voluntariado, programas de apoyo, etc. Este es un grupo fuerte de Asociados Redentoristas laicos.

La Fraternidad gestiona el comedor del Santuario de Santa Ana de Beaupré durante todo el año, y los ingresos del comedor se destinan al funcionamiento de la Fraternidad. La cantina está dirigida en su totalidad por un grupo de dedicados laicos redentoristas asociados bajo la guía espiritual del P. André.

El Cardenal Arzobispo de Quebec, Gerald La Croix, es amigo de la Fraternidad y envía regularmente a sus diáconos y sacerdotes para ayudar en el trabajo de la Fraternidad.

El 28 de julio de 2022, el difunto Papa Francisco realizó una visita sorpresa a la Fraternidad de San Alfonso durante su visita al Santuario de Santa Ana y a la ciudad de Quebec. Reconoció el trabajo del P. André y lo elogió a él y a los asociados y voluntarios por su atención a los abandonados de la ciudad. Obsequió al P. André y a la Fraternidad un hermoso Icono de Nuestra Señora Reina de la Esperanza de Jerusalén con una mención y una carta personal de reconocimiento de la Fraternidad. También hizo una importante donación a la Fraternidad. Esta visita del Santo Padre, dice el P. André, fue una señal de Dios para la Fraternité de que su trabajo era obra de Dios y siempre será atendido por la Providencia.

El propio P. André, a pesar de su edad y sus problemas de salud, sigue entregándose incansablemente al cuidado diario de los residentes de la Fraternité. Los dos Consultores Generales pasaron una mañana en la casa, interactuaron con los residentes, compartieron el almuerzo con ellos y oraron con el P. André.

Saludamos al P. André y su anuncio verdaderamente redentorista de la Buena Nueva a los pobres y más abandonados (adictos y callejeros) en las afueras de la ciudad de Quebec. Al celebrar la fiesta de San Alfonso este año, esperamos y rezamos para que muchos de nosotros, los Redentoristas, seamos inspirados por nuestro cohermano el P. André para seguir viviendo el carisma que nos confió San Alfonso de llevar esperanza a los desesperados, verdaderos Misioneros de la Esperanza, siguiendo los pasos del Redentor.

P. José Ivel Mendanha, C.Ss.R.
Consultor General

Triduo de San Alfonso, Día 1: pastor que guía y cuida

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Día 1: San Alfonso, pastor que guía y cuida

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas.” (Jn 10,11)

Cuando pensamos en un guía, fácilmente imaginamos a alguien que sabe el camino. Pero el Evangelio nos presenta algo mucho más profundo. Jesús no guía desde lejos; camina delante de su pueblo, conoce a cada uno por su nombre y nunca abandona a quien se ha perdido.

San Alfonso aprendió esta manera de conducir la vida contemplando el corazón del Redentor. Descubrió que Dios no gobierna desde la distancia. Dios se acerca. Escucha. Espera. Sale al encuentro. Esa experiencia cambió su vida y también cambió la historia de miles de personas que se sentían olvidadas por la Iglesia y por la sociedad.

No comenzó fundando una congregación. Primero dejó que Dios transformara su corazón. Solo quien ha aprendido a dejarse conducir por el Espíritu puede acompañar el camino de otros.

También nosotros vivimos en un mundo donde muchas personas caminan sin horizonte. Hay cansancio, incertidumbre, soledad. Muchos buscan respuestas, pero pocas veces encuentran alguien dispuesto simplemente a escucharlos. En medio de esa realidad, la Iglesia está llamada a ser una presencia que acompaña antes de juzgar, que abraza antes de exigir, que escucha antes de responder.

San Alfonso comprendió que cuidar de una persona es ayudarla a descubrir que nunca está sola. Cada misión popular, cada confesión, cada conversación con un campesino o un pastor de las montañas de Scala era una oportunidad para decir, con su vida: “El Redentor no se ha olvidado de ti.”

El cuidado auténtico nace de un corazón reconciliado con Dios. No consiste en resolver todos los problemas de los demás, sino en permanecer junto a ellos. Hay heridas que no necesitan grandes discursos; necesitan una presencia humilde que haga visible la ternura de Dios.

Quizá hoy el Señor nos invita a preguntarnos: ¿quién necesita que lo escuche? ¿Quién espera una palabra de esperanza? ¿Quién se siente abandonado cerca de mí?

La misión redentorista comienza precisamente allí donde alguien experimenta el abandono. Allí donde parece que Dios guarda silencio, estamos llamados a convertirnos en un signo de su cercanía.

San Alfonso nos recuerda que evangelizar no es solamente enseñar doctrinas. Es revelar, con la propia vida, el rostro misericordioso del Padre. El anuncio del Evangelio se vuelve creíble cuando nace de una comunidad que sabe cuidar, acompañar y sostener.

Como peregrinos de esperanza, no caminamos solos. Somos una Iglesia que avanza con los pobres, con quienes sufren, con quienes buscan nuevamente el sentido de vivir. Cada gesto de compasión abre un camino por donde puede pasar el Redentor.

Pidamos hoy la gracia de tener un corazón semejante al de Cristo Buen Pastor. Un corazón atento, paciente y cercano. Un corazón que no se canse de salir al encuentro de los más abandonados, porque allí nos espera siempre el Señor.

Momento de silencio:  Dejemos que el Señor nos pregunte interiormente: ¿A quién me está enviando hoy para cuidar con la ternura del Buen Pastor?

Oración

Señor Jesús, Buen Pastor,
Tú conoces nuestro nombre y nunca nos abandonas.

Haznos discípulos capaces de caminar junto a quienes están cansados, de escuchar a quienes nadie escucha y de llevar esperanza a quienes han perdido la alegría.

Que, siguiendo el ejemplo de San Alfonso, anunciemos con nuestra vida que tu amor es más grande que todo pecado, toda herida y toda soledad.

Enséñanos a cuidar sin dominar, a servir sin buscar reconocimiento y a amar con la paciencia de tu Corazón.

Haznos misioneros de la Abundante Redención.

Amén.

San Alfonso, ruega por nosotros.

España: la misión de los jóvenes del Espino, un signo de esperanza para la Provincia de Europa Sur

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Del 22 al 26 de julio, la Misión de los jóvenes del Espino, organizada por la PJVR del área española de la provincia de Europa Sur, reunió a más de 300 jóvenes bajo el lema «Todos». Durante estos días de convivencia, oración, formación y misión, los jóvenes profundizaron en la común vocación bautismal y en la llamada a anunciar juntos el Evangelio, fortaleciendo los lazos que unen a las distintas comunidades y realidades pastorales.

En el marco de esta experiencia, la Provincia de Europa Sur vivió varios acontecimientos de especial relevancia que llenan de alegría y esperanza a toda la familia redentorista.

El sábado 25 de julio, los estudiantes Pablo, Francesco y Jesús renovaron su profesión religiosa por un año, reafirmando su compromiso de seguir a Cristo Redentor en la Congregación y de continuar su proceso de formación. Al finalizar este curso iniciarán su año pastoral, que realizarán respectivamente en Angola, Filipinas y Colombia, una experiencia que enriquecerá su formación misionera y les permitirá compartir la vida y la misión con otras Unidades de la Congregación.

Asimismo, durante la misión fue presentado el nuevo postulante Mateo, que se incorporará a la comunidad formativa el próximo mes de septiembre para comenzar oficialmente su etapa de postulantado.

La Misión de los jóvenes fue también el marco del envío de los que representarán al Área Española en el I Encuentro de Pastoral Juvenil de la Provincia de Europa Sur, que se celebrará del 6 al 9 de agosto en Materdomini (Italia) con motivo del 300º aniversario del nacimiento de san Gerardo. Este encuentro será una oportunidad para fortalecer la comunión entre los distintos países de la Provincia y seguir creciendo juntos en la misión compartida.

Todos estos acontecimientos constituyen un motivo de profunda acción de gracias y una gran alegría para la Provincia de Europa Sur. En medio de una Iglesia llamada a renovar su impulso misionero, estos signos manifiestan que el Señor continúa llamando a jóvenes a seguirle en la vida redentorista y a anunciar con generosidad la abundante redención.

Encomendamos a Pablo, Francesco, Jesús, Mateo y a todos los jóvenes a la intercesión de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro y de san Alfonso, para que el Señor confirme su vocación y los haga testigos alegres del Evangelio allí donde sean enviados.

Padre Gennaro Sorrentino, Superior Provincial de los Redentoristas de Europa Sur

Madagascar – 156 jóvenes se reunieron en Anjiro para el Congreso AFAFI-FET

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Del 24 al 26 de julio de 2026, la parroquia de San Gerardo Majella en Anjiro acogió el Congreso del movimiento AFAFI-FET (Apostolado de la Oración – Movimiento Eucarístico Juvenil) del Distrito Misionero de Anjiro, que reunió a aproximadamente 156 niños y jóvenes.

El encuentro espiritual incluyó ceremonias que marcaron la transición a las distintas etapas de formación, así como la bendición y despedida de los educadores.

AFAFI–FET es hoy uno de los movimientos más dinámicos del Distrito Misionero de Anjiro, que ayuda a formar niños y jóvenes en el amor a la Eucaristía y en un encuentro diario con Jesús.

Felicitaciones a todos los participantes, con la esperanza de que Jesús en la Eucaristía viva siempre en sus corazones.

P. Hubert Ambinina Aimé Ramanantoanina, C.Ss.R.
Párroco del Distrito Misionero de Anjiro